Huyó de los abusos en su hogar y subsistió tres días en el monte

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Su hermanastro la violaba, su padrastro la golpeaba y su mamá miraba para otro lado. Dijo que “estaba mucho mejor que en mi casa, pero llegó un momento en que no aguanté el hambre”, por lo que recurrió a vecinos que la ayudaron.

Su hermanastro la violaba, su padrastro la golpeaba y su mamá miraba para otro lado, aseguró M. (14), una adolescente misionera cuya identidad se mantiene en reserva y quien el 14 de febrero buscó refugió en casa de un vecino tras permanecer tres días escondida en el monte, la única alternativa que encontró para salir del infierno de su propio hogar.
Curtida por el maltrato desde temprana edad, reconoció que no fue la primera vez que se refugió en el monte, donde “estaba mucho mejor que en mi casa, pero llegó un momento en que no aguanté el hambre y vine acá para pedir ayuda”. 

La menor hizo referencia al domicilio de Carlos Javier Rojas (36), casado y padre de cuatro chicos, quien la asistió y desde entonces viene golpeando puertas para lograr la contención que requiere una menor en tal estado de vulnerabilidad.

En consecuencia, desde hace tres semanas Rojas asumió la enorme responsabilidad de cuidarla, mientras observa con preocupación las limitaciones que evidencia el Estado para atender el caso.

Rojas y su familia residen en una zona rural ubicada entre Oberá y General Alvear, donde se dedican a la agricultura.
En diálogo con el diario El Territorio, precisó que ya recurrió al Juzgado de Familia, a la Línea 137 de Prevención de la Violencia, a la Comisaría de la Mujer y a la Municipalidad.

Esta nena fue abandonada por la familia y por el Estado. Desde mediados de febrero estoy golpeando puertas para que la asistan y nada. Ella necesita atención médica y psicológica por todo lo que pasó. Incluso, hay momentos en que dice que se quiere suicidar. Las autoridades están al tanto, pero parece que no les importa”, alertó Rojas.

La menor se mostró agradecida por la asistencia de sus vecinos, al tiempo que reconoció que “si ellos no me ayudaban tenía que seguir viviendo en el monte porque a mi mamá no le importó. Ella le prefiere a mi padrastro“, mencionó con una evidente mueca de tristeza.

Contó que nunca conoció a su padre biológico y que su mamá también es víctima de su concubino. “Él le pega a ella y mis hermanitos. A mi mamá le pegó cuando estaba embarazada y casi perdió el bebé”, afirmó.

En ese ambiente viciado por la violencia se crió M., quien el año pasado comenzó la secundaria y pensó que vendrían tiempos mejores. Pero no. Fue de mal en peor.

“Mi mamá me mandó a vivir a la casa de mi hermana mayor en Caballeriza y me anoté en primer año de la Escuela Normal. Estaba contenta porque es un colegio lindo y me quedaba cerca. Pasaron unos meses y mi hermana se mudó con el marido y me quedé sola con mi hermanastro (de 21 años). Él empezó a abusar de mí y le conté a mi mamá, pero no hizo nada”, lamentó.

En este punto, el relato de la menor eriza la piel e indigna: “Cuando le conté que mi hermanastro me violaba, mi mamá me dijo que los tipos son así. Que si yo no quería que vaya a vivir con ella. Pero iba con ella y me echaba“.

Finalmente, abandonó el colegio a mitad de año y regresó a la casa materna, donde cesó el abuso sexual pero continuó el maltrato físico.
“Yo conté en la Municipalidad y en la Comisaría de la Mujer que mi hermanastro me violaba, pero hasta ahora no hicieron nada y él anda tranquilo por ahí”, agregó.